Desde que tengo uso de razón siempre me he interesado más por las actividades y hobbies de mi padre que por los de mi madre: coches, motos, caza y muchas otras actividades.
Aunque hace mucho tiempo que no practico la caza , desde pequeña seguía muy de cerca la afición de mi padre. Me acuerdo que mientras mi padre y sus amigos se iban de caza, mi madre y el resto de las esposas se iban de cañas y mientras las niñas hablaban de cosas que en ese momento a mi no me interesaban lo más absoluto y los niños recreaban hazañas que sus padres les contaban de días anteriores, esperando ansiosos el día en el que les llevasen de caza. Yo siempre me quedaba con los niños, las conversaciones eran más apasionadas y aunque a todos les pareciese extraño que me interesase yo me integraba como una igual. Llegó el día en el que todos empezaron a irse con sus padres de caza, mientras, yo me tenía que quedar en el pueblo con las niñas porque por lo visto no estaba lo suficientemente preparada, era una niña y tenía 8 años. Semana tras semana, lloraba e insistía a mis dos padres para que me dejasen ir pero sin resultado. Un buen día con 11 años (3 años después de que todos los demás empezarán a iniciarse en el deporte) me cogí tal rabieta que mi padre me dijo por fin: ¡Vente!
Aunque no salió como esperaba , tengo una cicatriz en la rodilla de recuerdo , demostré que tenía tanta afición como cualquiera de ellos que una caída malparada no iba a quitarme todo eso de la cabeza. Muchos cambiaron el concepto y poco a poco la gente me iba respetando y ahora cuando hablo de caza nadie se pone la manos a la cabeza, alguno me pide su opinión, a pesar de que la afición la aparqué un poco.
Me costó tres años de llanto demostrar a todos que una chica también podía coger un arma, sin necesidad de que se la preparasen especialmente, a otros solo les basta con ir al corte inglés y comprar la equipación para que le acepten en el coto. Con 8 años era la única chica en el coto de Berzocana, ahora ya no, y aún soy la única en Solana.
Otra aficción, los motores (coches, motos…) empecé como todos los niños con la bicicleta, luego cogí mi primera moto a los 11-12 años y empecé a coger coches a los 15 años. Mi primo, por poner un ejemplo, cogió su primera moto a los 8 años y el coche a los 12. Cada paso en la escala ha supuesto discusión tras discusión, volvemos al mismo tema de siempre, parece ser que el sexo de una persona condiciona las capacidades para emprender cierta actividad. Al final conseguí mis objetivos, mucho más tarde que si hubiese sido chico. Ahora tengo un cochecito al que cuido y mantengo a punto regularmente. Si hay que cambiarle una rueda se la cambio, si hay que echarle aceite o agua se le echa. La mayoría de las veces que he sufrido una avería sabia la procedencia, no soy la típica prototipo que jode el motor de un coche por no saber que necesitan agua. Pues un día, estando en un taller para que me cambiarán las ruedas del coche, le dije al encargado que me tenían que hacer de nuevo la alineación y me soltó que al coche no le hacía falta, la cosa se calentó poco y el jefe le terminó mandando a la oficina, cuando llegó el otro encargado nos pusimos a hablar de trasmisiones, motores, inyección…. El chaval, porque era muy joven, se quedó flipando. Le pedí que por favor comprobase si el coche necesitaba la alineación famosa por la que cambié de encargado y efectivamente era necesaria. ¿Si hubiese sido un tio el que la hubiese pedido, hubiésemos cambiado de encargado? Pues yo creo que no, y cada vez que voy al taller me pasa algo parecido, nunca se esperan que venga una tia con un coche y les diga lo que tienen que cambiar, se bloquean y siempre arremeten con otra avería posible.
Lo de las motos ya es caso a parte, todavía sigo suplicando para sacarme el carné de moto. Mi padre siempre está que si moto para arriba que si moto para abajo, mis vecinos igual, algún día he intentado meterme en algún que otro debate sobre los mejores motores o las mejores motos pero he sido ignorada. Creo que me conozco la mayoría de las fichas técnicas de modelos que sacan casas como Yamaha ó Suzuki, aunque siempre preferiré las Hondas. Pues jamás me hacen caso, lo más parecido a respetar una opinión ha sido cuando mi padre ha necesitado mi apoyo para convencer a mi madre. El resto de ellas dudo que las tenga en cuenta.
Pues lo mismo pasa para coger la moto de mi padre, nunca me han dejado cogerla, jamás de los jamases, y un día viene mi cuñado recién entrado en casa sin confianza ninguna y va y la coge. Se cayó y jodieron los plásticos de la moto, con la mala suerte de que al día siguiente habían quedado con un posible comprador. Nunca me alegré tanto de aquella caída, no por el disgusto de aquel pobre chaval que recién llegado a la familia va y la fastidia, si no porque nunca me dejaron cogerla por mi condición.
Y así infinidades de historias tengo y sé que está lucha seguirá y seguirá porque desgraciadamente todavía nos queda mucho que hacer. Porque no solo es mi caso personal, es el caso de todas las mujeres que hemos intentado salir del prototipo, desde que la primera se puso un pantalón hasta que la última se sienta realmente integrada y satisfecha de trabajar poniendo ladrillos o manejando una excavadora como cualquier hombre de este mundo.
Pero al igual que hablo de ellas en estos ámbitos, hablo de ellos en otros como la costura, el maquillaje, etc.


