Era un jueves de Agosto, por la mañana muy temprano, no me acuerdo ni del clima que había. La gente nos estaba esperando a la puerta para recoger el pan (en mi vida he visto que se acabe el pan a las 9 de la MAÑANA, pero es que este pueblo es así), todos tras comprar el pan se iban, pero una se queda siempre para supervisar la compra de sus vecinos, a esta señora la llamare “señora X” (para evitar tener que dar nombres y que la gente la identifique, ¡solo me faltaba eso!). Como todos los jueves, hoy venía el repartidor de los pollos y la gente nos encargaba los pollos que querían. Días antes tres mujeres nos encargaron tres gallinas (¡¡Benditas Gallinas!!). Una de ellas a la que llamaremos “señora Y” me visito en tres horas como unas 5 veces (sin exagerar), para que no me olvidase de su gallina (¡¡qué tía mas cansina!!).
Tocan las 12 y media de la mañana, las campanas de la iglesia, a esto que llega el camión de los pollos, ¡¡¡pero para mi mala suerte, que solo trae DOS gallinas!!! Como es tan raro, me viene de nuevo “señora Y” a preguntar por su gallina, pero no se la podía vender, hasta que mi padre no se dignara a aparecer por la tienda. Ella se marchó, pero se quedó hablando con “señora X”, quién se encargó de convencer a “señora Y” para que reclamase su gallina, ya que se había enterado de que solo había dos y se podía quedar sin ella (el pánico de quedarse sin gallina se apoderó de ella); entonces esta ultima volvió a la tienda a por su gallina. Mi tía M. que estaba conmigo esta 2ª vez que vino a por su gallina, no sabia que hacer, si reírse o alucinar. Estas dos señoras se quedaron en la puerta de la tienda, protestando que no le daba la gallina (hubo un momento que pensé que me hacían una asentada,¡¡QUIERO MI GALLINA!!...¡¡QUEREMOS SU GALLINA!! Jajaja). Al final me cansé de ellas y les di la gallina, sin esperar a mi padre. Seria porque acabaron con mi paciencia, porque me tenía que ir o porque la gente del bar se empezó a dar cuenta de lo que pasaba y el cachondeo con la gallina era implacable.
Por la tarde, vino un señor preguntando, por su gallina… creía que mis tíos se estaban cachondeando de mi, por las risas de mi Tata (la pobre estaba que no podía, casi se cae de la risa que la entró). Pero sí venia a por una gallina.
Sin más que contar espero que os haya gustado esta historia, una más de todas las que suceden en este pueblo de Solana. ¡¡No te aburres en el!!
2 comentarios:
Pues si montan ese tinglao por dos gallinas, habría que verlas en la T4 de Madrid... Yo que tú les hubiese regalado dos gallinas de esas de plástico pa ver si se las comen y se intoxican o algo xD.
Menos mal que no soy de allí porque vamos que con la paciencia (irónico) que tengo yo con la gente tocapelotas, seguro que ya hubiese salido en las noticias por asesinato o algo por el estilo.
Ánimo con el blog Anita..de aqui en adelante seré una lectora empedernida tuya.
Besos
Tata
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